Un antiguo relato cuenta de un missionero que al jubilarse volvía a su casa en los Estado Unidos en el mismo barco en que viajaba el presidente de esa nación. La algarabía de la muchedumbre (multidão), una banda militar, una alfombra roja (tapete vermelho), pancartas (cartazes) y los medios de comunicación, le dieron la bienvenida al presidente, mientras que el misionero desembarcaba sin notoriedad alguna. Sintiendo lástima de sí mismo, y con resentimiento, comenzó a quejarse con Dios. Entonces el Señor le dijo con ternura: PERO HIJO MÍO, TÚ AÚN NO HAS LLEGADO A CASA.
Tu vida en la tierra no es toda la historia de tu existencia. Debes esperar llegar el cielo para el resto de los capítulos. Se requiere fe para vivir en la tierra como un extranjero.
Extraído de: Una vida con propósito, Rick Warren, pg 52 e 53
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